Primal Reflex

Ernesto Solana

06.19.2019 — 10.15.2019

Al describir su práctica artística, Ernesto Solana cuenta sobre su pasión por el coleccionismo y los objetos, su afición por la exploración del paisaje, la naturaleza, y un creciente interés hacia los instintos que nos sobredeterminan como especie. Como si se tratase de amuletos dotados de poderes mágicos, sus obras parecen colapsar varias narrativas y referencias visuales que permiten lecturas y asociaciones temáticas, tales como su interpretación del concepto del antropoceno—la presente era geológica cuyo comienzo es entendido como el período durante el cual las actividades humanas comenzaron a afectar el clima y el medioambiente—el sistema de taxonomía linneana, su admiración hacia las instalaciones cientificistas del artista conceptual norteamericano Mark Dion, como así también hacia la práctica de la legendaria Ana Mendieta.

 

Es que la práctica de Solana comienza allí donde un objeto—a menudo un deshecho artificial o natural—lo interpela durante alguna caminata alrededor de los suburbios de Savannah, Georgia, o Guadalajara, en México, ciudades en las que reparte su tiempo. Previa clasificación taxonómica, los objetos son luego reconfigurados en una suerte de torre vertical que tiene algo de las Siete Montañas Mágicas del artista suizo Ugo Rondinone, y algo de tótem. “Para mí lo totémico no tiene que ver tanto con el totemismo de América del Norte—las típicas esculturas coloridas de madera talladas, a menudo, por los pueblos originarios del noroeste de las costas canadienses,” dice Ernesto, “sino con la noción de dotar a un objeto con una nueva vida y de brindarle reverencia.” Y es precisamente aquello lo que pareciera desear que le suceda a sus obras en el contexto del cubo blanco de la galería de arte contemporáneo: que les rindamos culto.

 

Texto: Rosario Güiraldes