Piedras Vivas

Tezontle

06.01.2017 — 08.15.2017

En su primera exposición individual, Piedras Vivas, el dúo con sede en la Ciudad de México, Tezontle, presenta obras que funcionan entre el objeto encontrado y la escultura, el molde y la forma, la arqueología y la invención. Revelando los rastros de su fabricación, las obras de la exposición apuntan a la naturaleza activa y compuesta de las narrativas nacionales y culturales, siendo la historia siempre tanto un cúmulo de ficciones como de realidad.

 

Promulgando una arqueología cotidiana, Tezontle colecciona objetos en y alrededor de la Ciudad de México, que luego se encuentran dispuestos de diversas maneras en las mesas de trabajo de su estudio. Estos objetos pequeños y encontrados comparten espacio con esculturas de mayor escala producidas mediante un proceso de fundición manual y de trabajo intenso. La fundición permite a Tezontle pensar monolíticamente, a través de la totalidad y la composición simultáneas, estableciendo conexiones entre disciplinas estéticas y generaciones culturales dispares. El resultado son artefactos geológicos sin ataduras a una temporalidad única.

 

Observando los artefactos mesoamericanos prehispánicos y la arquitectura mexicana de mediados del siglo XX, Tezontle combina estos puntos de referencia históricos en la producción de una cultura hibridizada, en la que prevalecen los pasados excavados e imaginados. Poblada por formas monolíticas y geométricas que se adaptan por igual a los paisajes estéticos antiguos y modernos, esta cultura mixta es claramente mexicana, casada por un terreno compartido. Tezontle mismo toma prestado su nombre de una roca volcánica rojiza nativa de México Central, utilizada primero por la civilización mexica para construir viviendas y monumentos, y más tarde por los colonialistas españoles que construyeron sus propios asentamientos con los escombros de Tenochtitlan. Los edificios erigidos en el siglo XX llevaban una mezcla de tezontle y hormigón —el más característico de los materiales modernos— de manera que un México recién modernizado miraba al pasado prehispánico para vislumbrar un futuro nacional.

 

En Piedras Vivas, las obras revelan sus herramientas y métodos de fabricación, las esculturas se exhiben junto a los moldes vacíos y los materiales sintéticos, como sus referentes orgánicos. Como un rompecabezas, el espectador es llevado a hacer conexiones entre el espacio positivo y negativo, la naturaleza y el facsímil, reconstruyendo el proceso del dúo como si el espacio de exposición fuera un sitio arqueológico. Risco, por ejemplo, es una losa monolítica compuesta de hormigón mezclado con un agregado de imitación de tezontle fabricado por los artistas. En un estante cercano, la piedra real se encuentra. Otra obra, Crater, ve una forma ovoide y rojiza en relación con su molde, un hueco que tiene las manchas y colores de los moldes anteriores. Colocada dentro de la galería, esta obra de arte involuntaria se convierte en una escultura por derecho propio. Moldes adicionales, usados para producir otras esculturas ausentes, se colocan en una mesa de trabajo de madera contrachapada, evocando su correspondiente en el estudio del dúo. Dejando atrás abolladuras e impresiones como fantasmas, los moldes evocan la historia a través de la sugestión y el vacío.

 

Una serie de guijarros, tanto encontrados como fabricados, también actúan entre el simulacro y el referente, aunque ahora se trata más directamente de cuestiones de escala. Los guijarros encontrados se presentan en un estante de hormigón, algunos sujetados fuertemente con una banda de goma industrial. Expuestos de esta manera, los objetos llegan a parecerse a talismanes mágicos o a artefactos antiguos, o quizás al tipo de recuerdos mesoamericanos de origen dudoso que se encuentran y compran fácilmente en los mercados callejeros locales. Junto a estos objetos hay esculturas fundidas en hormigón pigmentado, que hacen eco de las formas de los guijarros a mayor escala. Estas piedras se instalan apoyadas y sostenidas en posición vertical por sus propios moldes, que asumen el papel de pedestales, extendiendo su soporte fuera del estudio y en el espacio y tiempo de la exposición. Cartografiando un paisaje arqueológico de su propio diseño, Tezontle produce un pasado que se sitúa junto a nuestro presente, llenando con fantasía los huecos perdidos en la memoria. Si la historia es el molde a través del cual moldeamos nuestro futuro colectivo, el trabajo de Tezontle nos lleva a considerar que sus agregados son una mezcla, y que los monumentos de una cultura son aquellos que resuelve hacer por sí misma.

 

Texto por Christian Camacho-Light

 

 

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