Más allá del mundo, hay letras

Federico Pérez Villoro

06.19.2019 — 10.15.2019

El nuestro es un tiempo de híbridos: organismo y máquina, extremidad y herramienta, pensamiento y código, inteligencia y procesador. Aquellas relaciones que eran dicotomías alarmantes a las que nuestros predecesores temían, son ahora modos intrínsecos de operar. Sin embargo, aun conociendo y conviviendo de cerca con nuestros artefactos, queda un recurrente entumecimiento en la nuca. Quizás no se trata de miedo per se, pero la sensación es muy parecida.

 

Más allá del mundo, hay letras es la primera exhibición individual del artista Federico Pérez Villoro (Guadalajara, 1987) en Monterrey. Interesado en indagar las posibilidades de la tecnología para aproximarse a la materialidad del lenguaje, Pérez Villoro, en colaboración con el ingeniero en computación Nick Schumann, ha desarrollado una inteligencia artificial que reconoce los patrones formales del alfabeto e imagina nuevas letras a partir de ese conocimiento. El resultado son caracteres tipográficos transformados en entes etéreos y mutantes que dejan rastros vaporosos con cada variación. Aunque este proceso es el cimiento de sus investigaciones, la exhibición no se limita a un mero trabajo tipográfico. Es, más bien, el origen de una exploración sobre el lenguaje de quimeras formadas por humanos y máquinas.

 

La exposición puede entenderse como un organismo vivo cuyas partes son posibles de distinguir, pero extrañas y misteriosas. Al centro de la sala, descansan los restos del proceso de excavar un espacio de letras que no existen. Son secciones que se conjugan en volúmenes más grandes. Podemos percibir las entrañas expuestas de una bestia indefinida, que se mueve, palpita y respira. Su piel arde al rojo vivo y su aliento húmedo se descubre al condensarse. Su voz no dice nada, solo imita con algoritmos la estructura fonética del habla humana. Aquel dragón que ilustraba territorios desconocidos en los mapas antiguos ahora nos está protegiendo… o quizás nos acecha para cazarnos. La criatura es un aparato, pero también un animal, una quimera que evidencia la estrecha relación entre lo vivo y lo mecánico. Los cables también son venas y los pensamientos son conexiones entre circuitos. Una vez que nuestros latidos se armonizan con los de la bestia, podemos reconocernos en ella, con ella y como parte de ella.

 

El trabajo de Pérez Villoro logra aquello que parecía increíble: podemos comunicarnos con el monstruo a través de un lenguaje nuevo y específico, pero que no se aleja demasiado de lo que conocemos. Los caracteres alucinados generan un espacio de intercambio. Nuestras letras se someten a redes neuronales fabricadas para permitir la comunicación entre diferentes tipos de inteligencias y sensibilidades, artificiales y naturales. Alucinaciones que forman palabras, que forman versos, que forman poemas. Y como las máquinas también pueden ser musas, Pérez Villoro utiliza este insólito lenguaje para hacer poesía para quimeras.

 

Texto por Paulina Ascencio