La memoria que no recordamos

Exhibición colectiva en colaboración con LABOR

21.11.2020 — 23.12.2020

Sala de Visualización Virtual

 

 

PEANA y LABOR presentan La memoria que no recordamos, una muestra colectiva que marca el primer proyecto colaborativo entre la galería PEANA de Monterrey y la galería LABOR de Ciudad de México. Se podrá visitar durante el transcurso de cuatro semanas en PEANA, desde el 21 de noviembre hasta el 23 de diciembre. La exposición reúne el trabajo de Héctor Zamora, Roger White, Tezontle, Jorge Satorre, SANGREE, Pedro Reyes, Gala Porras-Kim, Jerónimo Elespe, Manuela de Laborde, Tomás Díaz Cedeño, Wendy Cabrera Rubio, ASMA.

 

Esta primera colaboración entre las dos galerías nace con la intención de ofrecer nuevas experiencias y abrir nuevos espacios para la imaginación y el diálogo entre las dos ciudades, potenciando el intercambio de conversaciones artísticas y estilísticas entre artistas establecidos y de mediana de carrera.

 

La obra producida por SANGREE (Bhu’ja Th’syra I & II, 2020) utiliza un lenguaje visual que se caracteriza por entrelazar el pasado con el presente permitiéndoles así navegar a través de diferentes capas de la historia del arte y la cultura popular. De la misma manera, Héctor Zamora, en Desconcretización (2020), muestra la influencia de las viejas y nuevas vanguardias, así como su afinidad por la forma geométrica. Ambos artistas reconocen el papel fundamental de los materiales con los que trabajan: Por una parte la cerámica y por otra las celosías, las cuales han sido ampliamente accesibles a lo largo de la historia en la vida cotidiana, y cuyo lenguaje estético se ha explorado en múltiples ocasiones.

 

En una línea similar, y posicionándose como un claro referente de recuperación de las estéticas prehispánicas y modernas, encontramos las imponentes esculturas de Tezontle (Estela, 2020) y de Pedro Reyes (Spiral Nude, 2019), situándose deliberadamente en un punto ambiguo entre lo primitivo y lo contemporáneo. Sus piezas inspiradas en diferentes estéticas históricas abarcan temas tan complejos –filosofías políticas y económicas, así como utopías bucólicas y esencialistas– los cuales son reformulados para que el espectador se aliste como participante de los discursos críticos que emanan de sus obras.

 

Por su parte, tanto Gala Porras-Kim (Cola de Palma Monument 3, illuminated text, 2019) como Wendy Cabrera Rubio (On the India We Learned to Ferment Corn, 2020) recurren al potencial del objeto de arte y su función como una herramienta epistemológica fuera de su contexto histórico tradicional. Llevando a cabo arduos procesos de investigación que conjugan la política, la historia, y los procesos de aprendizaje –y que posteriormente constituyen la espina dorsal de su práctica–, ambas artistas producen obras que ponen en evidencia el intrincado tejido de condiciones históricas que dieron origen a nuestra concepción del presente. Ampliando aún más el uso de narrativas pasadas, la obra de Jorge Satorre (Piernas, 2020) se desarrolla desde las opiniones aparentemente no representativas como reveladoras de una verdad no hegemónica, la cual se ha ido desarrollando como una serie de respuestas a rastros excluidos de momentos históricos en contextos diversos con los que se relaciona y esta en recurrente colaboración con expertos de diversos campos, como historiadores, geólogos, escritores u otros artistas.

 

En el caso de la pintura Infrathin (2017) de Roger White y de Parte de una película fijada en el color de alguna flor (2020) de Manuela de Laborde, se toma como punto de partida una re-contextualización de los objetos a partir de la observación de los mismos. A ambos artistas les interesa generar una imagen inscrita en una nueva temporalidad, experimentando con los colores, los tamaños y las escalas, evocando así una inquietud formal a través de objetos cotidianos y conocidos. Asimismo, Jerónimo Elespe (Une Chargone & Mekart, 2016), a través de un lento proceso acumulativo de adición y sustracción, de meses o incluso años, presenta sus pinturas como una plataforma para investigar la propia naturaleza del tiempo y la memoria. A pesar de diferir en el uso de la técnica, estas obras exigen al espectador que se detengan ante ellas, tomen su tiempo para observar su construcción formal, y se permitan un respiro en este mundo híper-acelerado.

 

Finalmente, con una aguda sensibilidad por los materiales empleados, y recurriendo a menudo a mezclas no convencionales, las obras de ASMA (The Breeder, 2019) y Tomás Díaz Cedeño (Agua Zarca, 2020) utilizan formas y motivos orgánicos extraídos de la naturaleza –e incluso la fantasía y el imaginario mágico– para evocar cualidades místicas, mitológicas y a menudo extrañas en objetos que fluctúan entre la abstracción y la figuración.

 

La memoria que no recordamos pretende abrir diálogos entre los temas y las estéticas de nuestra historia, de nuestro pasado y ponerlos de relieve a través del prisma de los artistas contemporáneos y coetáneos a nuestra época.